Por qué a todos nos gusta la música



La música, ese bien intangible que nos ha acompañado toda la vida sin darnos cuenta, hay música constantemente a nuestro alrededor, las aves cantan, la brisa que acaricia las ramas y hojas de los árboles produce una suave melodía que nos calma, las olas del mar con su rumor monotemático rezan mantras eternos que nos transportan con su cadencia, y hasta los ruidos familiares que producimos en el trasiego por nuestro hogar tienen un efecto tranquilizador.

La vida nos ha dado la compañía de la música para conmover nuestra alma, y que no se abotarguen nuestras emociones.


La dopamina es un neurotrasmisor asociado con el placer, desde un punto de vista evolutivo nuestro cerebro lo libera cuando realizamos acciones que deben ser recompensadas como comer, dormir o tener relaciones sexuales esto es entendible, ya que comer nos da más energía, dormir nos ayuda a descansar y tener relaciones sexuales a reproducirnos y por lo tanto que la especie subsista, pero… éste también se libera con la música, ¿Por qué? ¿En que punto de nuestra historia nuestro cerebro nos empezó a recompensar al escuchar música? ¿Para que nos sirve? ¿Que beneficios nos trae?

Existen varias teorías que podrían explicarlo, pero la que es actualmente más aceptada por la ciencia, se remonta a la prehistoria, en los tiempos en que el ser humano no estaba en la cima de la cadena alimenticia y aun teníamos depredadores, cuando nos desplazamos de un lugar a otro era cuando más vulnerables nos volvíamos, por esto nuestra especie tuvo que desarrollar diferentes técnicas para evitar llamar la atención de los depredadores.


Entre ellas se encuentra una compleja técnica de supervivencia para hacer el menor ruido posible al desplazarse en grupos y no llamar la atención. Ésta consistía en caminar dando pasos sincronizados, es decir, todos al mismo tiempo, con lo cual al cabo de un tiempo se generaba un ritmo reconocible, gracias a esto aseguraban su subsistencia ya que se generaban momentos de silencio entre los cuales podían escuchar si se acercaba algún depredador, fue en este punto en el que nuestro cerebro empezó a recompensarnos cada vez que escuchaba un ritmo, ya que el ritmo significaba seguridad.

Esto lo puedes comprobar tu mismo ¿cómo? La próxima vez que salgas a dar un paseo en la naturaleza con un grupo de personas, notarás que después de un tiempo de estar caminando, los pasos empezarán a sincronizarse y estarán caminando todos al mismo tiempo, en cierto modo la música es algo vital para el ser humano, esto es algo incluso poético.


A través de los años y gracias a la dopamina el

ser humano empezó a producir estos ritmos como

entretenimiento y gracias a su gran inteligencia y creatividad creó los primeros instrumentos musicales para acompañar estos ritmos, entre los que se encuentra el más antiguo hallado hasta ahora, una flauta de 43 mil años de antigüedad hecha de huesos de aves y marfil de mamut, que sorprendentemente producía tres notas que ahora todos conocemos , do, re, mi, esto se pudo comprobar al crear una réplica en barro, aquí puedes escuchar como sonaba:

Inicialmente no existía gran variedad de estilos musicales debido a la poca cantidad de instrumentos disponibles, fue gracias al desarrollo humano, que implico la aparición de una gran cantidad de instrumentos y nuevas formas de producir música que se empezó a generar la gran cantidad de ritmos, estilos y géneros musicales que tanto disfrutamos actualmente.


Hay pocas cosas en la que los seres humanos coinciden más de manera genérica y difieren de forma específica. A todos nos gusta la música, pero cada quien tiene su género preferido e incluso piezas favoritas y temas rechazados dentro de una misma banda o cantante.

Hay fanáticos de The Beatles que entran en una especie de éxtasis con Let it be y Yesterday, para despertar algo confundidos cuando empieza a sonar un tema de la misma banda más orientado al rock.

Incluso, nos apropiamos del cantante o género y nos molesta que el ídolo busque nuevas experiencias incursionando en ámbitos musicales distintos a los de nuestro gusto.

Pero independientemente de que se trate de clásica, rock, country, jazz o tango, todos estamos hermanados por la música desde las propias neuronas y desde el pasado más remoto. Se ha comprobado que todas las culturas, sin comunicación conocida entre sí, cantaban y bailaban en grupos.


Investigaciones demuestran que el sistema cerebral de almacenamiento de música es uno de los más

interactivos del ser humano, retroalimentándose a cada momento con los sonidos y con la música que escuchamos, lo que nos confiere una especie de identidad musical. Es de suponer que esta identidad se va especificando en la medida de que escuchamos siempre la misma música y se va ampliando cuando variamos lo que escuchamos.

Se cree que lo último que se extingue en los pacientes con Alzheimer son los recuerdos musicales. Por eso, las terapias de música están ganando auge en el tratamiento de algunas afecciones, revelándose a veces más efectivas que el verbo tranquilizante y convincente del mejor psicólogo.

Cuando cantamos en la ducha, independientemente de la calidad de nuestras vocalizaciones, en verdad estamos obedeciendo a uno de los impulsos más primitivos.





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