Coexistencia o lucha.





La naturaleza es la viva prueba de que coexistir en armonía con lo que nos rodea, trae como resultado el equilibrio, en la naturaleza no hay bueno ni malo, todo se funde en una amalgama de situaciones y procesos que aunque puedan parecer a veces caóticos, al final nos deslumbran con su coherencia, evidenciando una y otra vez que hagamos o no, la vida continúa fluyendo, y solo somos una pequeña pieza más de la maquinaria. Si pudiésemos deslastrarnos de la pesada carga de sentirnos tan importantes, nos reencontraríamos con el camino hacia el equilibrio y la felicidad, yo abogo por la simplicidad y la aceptación de lo inminente, hablo de la frugalidad en la administración del valioso recurso que representa nuestra mente, porque nuestra avidez de respuestas a todo lo que nos acontece, nos empuja a sumergirnos en una búsqueda que no parece tener fín, a veces también nos sumergimos en una orgía de respuestas fabricadas por nosotros mismos, y encontradas en los muchos viajes mentales que emprendemos en pos de la verdad absoluta, extraviándonos en los vericuetos de nuestra propia mente.


Nosotros a diferencia de los animales y plantas nos negamos a coexistir con todo lo que nos rodea, desde la simplicidad, vivimos desde la lucha, forzando situaciones porque asociamos cambio con pérdida, sin darnos cuenta de que el cambio es todo lo contrario, el cambio nos ofrece más cosas, nos ofrece posibilidades, y experiencias, el cambio es la evidencia de la generosidad del universo, el cambio es oportunidad pura y dura de ejercitar nuestro libre albedrío, el cambio es la llave de la cárcel que a veces hacemos de nuestra vida. Solo quisiera poner de relieve la perfección implícita en la forma en que todo lo que nos rodea se une en un abrazo de vida y muerte, sin pretender nada diferente a lo que no sea vivir el tiempo que corresponda, cumpliendo sin más los procesos vitales de cada uno, que unidos a los de todos los demás, crean sin muchos aspavientos lo que llamamos equilibrio. Los seres humanos emitimos juicios y etiquetamos todo, sin percatarnos que en ese proceso malsano perdemos de vista el camino que hemos venido a transitar, nos creemos tan importantes que ya no queremos colaborar con el sistema natural, nos olvidamos que al igual que todas las criaturas de la tierra, nosotros también somos humildes piezas de un perfecto sistema, que solo puede perpetuarse a si mismo a través de una repetición de tareas sencillas, y no por ello carentes de importancia.


Tenemos la tendencia a racionalizar y complicar realidades simples, a embellecer o afear echos y


situaciones, a resistirnos a la leyes de la naturaleza y pretender que nada cambie cuando encontramos una posición cómoda en nuestra vida, el cambio es inherente a la vida, por consiguiente una vida sin cambios solo puede existir en nuestra imaginación; el cambio es el combustible que alimenta y da movimiento a todo lo que existe, sin cambios todo languidecería perdiendo color, y empodreciendo hasta morir. Cambio e inmutabilidad son las dos caras de una misma moneda, una engendra y contiene a la otra, a través de los cambios nos perpetuamos en una danza eterna, y que es la eternidad más que una constante muda y sin movimiento... Abracemos la inmortalidad abrazando los cambios, que no son otra cosa más que, un juego travieso de una madre amorosa para que su hijo aprenda.


Xiomara I.




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